La gente le pide fotos cada que lo ve en las calles de Puebla.
Eduardo Romero / El Sol de Puebla
En las calles del Centro Histórico de Puebla es común que alguien se detenga, sonría y diga en voz baja: “Mira, es Chespirito”. No, no es un actor disfrazado ni un imitador profesional: es Octaviano Alvarado, un poblano que, sin buscarlo, se ha convertido en una figura para muchos por su gran parecido con el fallecido Roberto Gómez Bolaños.
A Octaviano se le ve comúnmente en los Portales del Zócalo capitalino. Siempre alegre, portando camisa y anteojos, ha vivido los últimos seis años de manera diferente: ahora las personas lo identifican como si fuera el doble de ‘Chespirito’.
“En alguna ocasión, un señor me estuvo diciendo que gente de Televisa me andaba buscando, no sé para qué, pero lo estuvieron haciendo. La verdad no me ha interesado, porque no me gustaría sacar provecho de eso”, narra el poblano.
A sus 75 años, Octaviano nunca pensó en parecerse a una celebridad, mucho menos a una tan querida. Dice que, aunque al principio le incomodaba la atención, con el tiempo aprendió a tomarlo con humor. “Me da risa. Creo que tengo un libro de él, pero no lo he leído. Se agradece que me digan eso, no pasa nada”, cuenta con sencillez.
Aunque nunca ha trabajado como imitador ni ha cobrado por su imagen, las personas que caminan por el Centro con frecuencia se le acercan para pedirle una foto. Y él, con una sonrisa, accede con gusto. Para muchos, es simplemente “el Chespirito poblano”.
La figura de Roberto Gómez Bolaños marcó a generaciones enteras con personajes como El Chavo del 8, El Chapulín Colorado o el Doctor Chapatín. Incluso, en alguna ocasión, fotos de Octaviano se han viralizado en redes sociales por su parecido.
Más sobre la vida de Octaviano
Detrás de ese parecido que saca sonrisas hay una historia de trabajo constante. Octaviano es un hombre 100% poblano, nacido y criado en esta ciudad. Toda su vida ha estado ligada al comercio.
Durante dos décadas trabajó en algunos de los restaurantes más reconocidos de Puebla, donde aprendió sobre trato al cliente, constancia y servicio. Más tarde, pasó 24 años en agencias automotrices, perfeccionando su habilidad para vender.
“Alguna vez me dijeron que una vez que vendes un carro, ya nunca dejas de hacerlo”, recuerda.
Hoy, aunque no pertenece a una empresa, no ha dejado de hacer lo que más le apasiona: vender. Se le puede ver caminando por las calles del Centro con ropa, relojes, perfumes y otros artículos. Ya cuenta con clientes frecuentes que lo buscan por lo que ofrece… y por su amabilidad.
